Huyendo de las imitaciones y de la mediocridad

Arropame_manos

Hay días en que las situaciones se van sucediendo, pero sin apenas darte cuenta todo acaba teniendo sentido, es el momento de sacar tus propias reflexiones. Las prisas, el día a día no nos dejan apreciar lo que nos rodea, pero a veces hay que parar, observar, escuchar y sentir para recuperar el centro y seguir adelante sin perder el norte.

Todo ha comenzado con un titular de un periódico. A menudo apenas tengo tiempo para leer la prensa al completo, pero este viernes ha sido diferente: “Una casita en Sao Paulo”, se titulaba el artículo que Inés Gallastegui firmaba en El Correo del día 21 de abril. Su comienzo: “El modesto hogar de una empleada domestica de 74 años, reformada con los ahorros de toda una vida, gana un premio internacional de arquitectura”. Una mujer decide invertir sus modestos ahorros en mejorar su casa para seguir viviendo junto a los suyos, con toda la ilusión del mundo. Qué bueno haber podido leer todo este artículo! Os lo recomiendo!

Siguiendo mi rutina del viernes, me dirijo a casa de mi madre para visitarla. Mi madre tiene 92 años y a su edad tiene muchos días de desánimo, sin ganas a menudo de salir a la calle. Para animarla le enseño un video que me ha regalado un amigo por whatsapp. En él un niño con discapacidad participa en una maratón junto a su padre. Como no camina bien, utiliza un andador. La gente le observa y le anima, tanto que el niño acaba dejando el andador y comienza a andar solo… No puede evitar caerse, pero da igual, tiene la voluntad de seguir y todos le animan hasta que llega a la meta… Seguro que muchos de vosotros conocéis historias de superación que os recuerdan a esta…

Mientras veo el video con mi madre, con mi mano entre sus manos, por primera vez descubro algo en mis 57 años que me llena de sorpresa: mis manos son iguales que las de mi madre, nunca antes me había dado cuenta… Sí encontraba cierto parecido, ciertas similitudes, pero nunca había visto esto. Saco fotografías y se las enseño a mis hermanos para compartir esta sorpresa.

Continuo la mañana y me dispongo a correr, algo que vengo haciendo de lunes a viernes desde hace 17 años, mi cuerpo y mi cabeza se sienten mejor con ello. Una de las cosas que primeramente me ha llamado la atención ha sido una pareja de cierta edad, muy aparente, tomándose un café en una terraza. Mis ojos se van hacia las zapatillas de la señora, aunque continuo unos metros más, acabo dándome la vuelta y me acerco donde ella para preguntarle donde las ha comprado. He de deciros que es un modelo de una firma muy reconocida e icónica. La señora muy amable me contesta, me dice el sitio donde las ha conseguido y me apunta: “A una amiga mía también le han encantado y su precio es genial, 19€”. Le doy las gracias, me despido y sigo mi footing, dándole vueltas al tema de las zapatillas, me doy cuenta de que realmente son de imitación. Si yo me comprara esas zapatillas tendría claro  por qué optaría yo, qué es lo que realmente me haría sentirme bien…

Unos metros más adelante llego a una de las partes favoritas de mi trayecto, los jardines de Arriluze. Allí me cruzo con un niño de unos dos años aproximadamente y un abuelo. En el momento de cruzar por su lado le oigo decir: “Muévete, eres tonto, ¿o que?”. Tres metros más adelante, no puedo más que darme la vuelta e ir donde el abuelo, mirando a esa preciosidad de niño y le digo: “Perdone, sé que se lo dice con todo el cariño, pero no le vuelva a llamar tonto”. El me contesta: “Lo sé, siempre hay que hablarles en positivo, pero es tan cabezota, que si dice que se queda quieto, no se mueve”. Me saca una gran carcajada, le miro al niño y, como si nos estuviera entendiendo perfectamente, le respondo “Es su carácter, es su manera de ser, ¡es tan bonito! Y me pregunto a mi misma… “¿quién o quienes son realmente los tontos?”.

Sigo corriendo y llevo en mi cabeza un coctel de sentimientos, sensaciones, preguntas, reflexiones… Bajo las escaleras y me dirijo a correr por la playa, que es lo que hago habitualmente. Y cuando  me dispongo a salir, me doy cuenta de que no he tenido tiempo de escuchar el sonido del mar, que no he percibido su olor… que no lo he disfrutado porque iba con todos mis pensamientos en la cabeza. Por un segundo he pensado que sería la primera vez en mis 17 años de footing que interrumpiría estos 40 minutos para quedarme a contemplar algo que me llamara la atención. Habitualmente no tengo tiempo, voy muy centrada en los horarios para hacer las cosas. Si, hoy decido romper la regla. Me paro, contemplo el mar y el paisaje, veo a lo lejos que había alguien bañándose. Me voy acercando, haciéndome la pregunta: y yo, ¿por qué no?, si me está dando muchísima envidia…

No tengo bañador, no importa; será la primera vez que hago esto, me pone. ¿Cómo lo hago? Me desnudo y me meto en el agua. Tengo que deciros que me estaba probando a mi misma, el baño ha sido fantástico, estaba feliz, tantas sensaciones… Me dispongo a salir del agua, me visto y cuando estoy subiendo veo un grafiti enorme en la pared que pone “Despertar”. ¿Qué más os puedo decir? Con mis zapatillas en la mano continuo el paseo, pero ya no corriendo, sino andando. Me dirijo de nuevo por el camino verde, quiero sentir la hierba que cada día percibo bajo las zapatillas, ahora bajo mis pies, su frescor, pegada a la tierra y a la vida.

Me siento rodeada de la primavera efervescente, de las chiribitas… soy otra vez niña, como el pequeño que me he cruzado antes con su abuelo. Me ha dado igual el tiempo que ha pasado, ya lo recuperaré después. Una vez en casa, sigo con el día, las obligaciones están ahí y evidentemente hay que cumplirlas. De esta mañana saco un montón de reflexiones, y os invito a que cada uno hagáis las vuestras. Pero sí quiero dejaros una ellas, y es que la felicidad consiste en momentos.

Mi vida y mi trabajo son todo uno, intento ser lo más coherente, o por lo menos buscar mi propia coherencia, disfrutar con aquellas cosas que están a mi alcance y realmente me hacen feliz. Huyo de las imitaciones y de la mediocridad.

Arropame es mi trabajo, es parte de mi vida, por eso hoy he querido compartir con vosotros esta historia. La belleza, la moda… es parte de mi vida, siempre voy buscando lo auténtico, lo que me hace feliz para ofrecéroslo y aportar ese granito de arena que hace que las cosas merezcan la pena.

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